Sobre mí
Mi historia comenzó, curiosamente, lejos de los libros y bastante cerca de una cancha.
Desde niño tuve una relación intensa con el deporte. Practiqué natación, tenis de mesa, fútbol, BMX y ajedrez. Con el tiempo, el ajedrez fue el único que permaneció. Durante dos años fui campeón comunal representando a mi colegio, una experiencia que, aunque entonces no podía saberlo, terminó enseñándome algo que después aparecería repetidamente en mi vida: la perseverancia importa más que el talento cuando el camino es suficientemente largo.
En mi familia encontré desde temprano un apoyo que hizo posible explorar distintas inquietudes. No todo era posible, naturalmente, pero existía una disposición permanente a intentarlo. Esa experiencia dejó una marca que todavía reconozco: aprender algo requiere curiosidad, disciplina y, muchas veces, alguien dispuesto a sostenerte mientras aprendes.
La universidad fue otra historia.
Fue un período exigente, con dificultades académicas y personales, pero también fue el lugar donde comenzaron a definirse mis principales intereses. Algunos profesores tuvieron una influencia decisiva en ese proceso, particularmente José Orellana Yáñez y Pablo Zúñiga San Martín, con quienes además de una formación intelectual terminé construyendo amistades que conservo hasta hoy.
Otro encuentro fundamental fue con Juan Pablo Arancibia. Durante varios años asistí como oyente a sus clases y allí comenzó a tomar forma un interés que todavía me acompaña: la relación entre filosofía, política, tragedia y poder.
Durante mi formación universitaria fui ayudante en distintas cátedras, entre ellas historia de las ideas y escritura científica y creativa. Esta última experiencia, especialmente, significó un antes y un después. Con Gemma Rojas Roncagliolo descubrí que escribir no consiste simplemente en poner ideas sobre una página. También supone aprender a construirlas, ordenarlas, tensionarlas y, cuando corresponde, destruirlas para volver a comenzar.
Paralelamente, estudié Estudios Griegos en la Universidad de Chile. Aprendí griego y me acerqué profundamente a la tragedia griega, un interés que terminó conectándose con mis preocupaciones sobre política, poder y conflicto.
También participé en congresos y encuentros académicos, presenté investigaciones y tuve la oportunidad de viajar para exponer parte de mi trabajo. Más adelante inicié estudios doctorales, profundizando una trayectoria que, aunque no siempre ha sido lineal, sí ha mantenido una constante: la necesidad de comprender cómo se construyen nuestras formas de entender la realidad política y social.
Escribir
Comencé a escribir siendo adolescente.
Mis primeros intentos fueron literarios. Escribí novelas, participé en concursos y durante años acumulé textos que probablemente hoy preferiría mantener convenientemente lejos de cualquier archivo digital.
Con el tiempo, la escritura dejó de ser solamente una inquietud literaria y comenzó a convertirse en una herramienta para pensar.
Mi formación en teoría política, filosofía y escritura fue convergiendo hasta producir una preocupación común: comprender el poder no solamente desde aquello que las instituciones dicen hacer, sino también desde aquello que efectivamente producen.
Ese recorrido dio lugar a mi primer libro, Estar Woke: el origen de las nuevas fuerzas políticas, publicado en 2026.
Escribirlo fue, en cierto sentido, cerrar una etapa y abrir otra. La escritura dejó de ser una actividad paralela a mi trabajo académico y político para convertirse en una parte central de mi forma de investigar y pensar.
Línea de investigación
Mi principal línea de investigación es la seguridad pública, particularmente desde una perspectiva territorial y local.
He llegado a ella desde distintos lugares: la investigación académica, el trabajo municipal, la gestión pública, el diseño de proyectos y la observación directa de los territorios.
Me interesa especialmente comprender cómo las instituciones construyen problemas públicos, cómo determinados fenómenos llegan a ser definidos como problemas de seguridad y cómo esas definiciones terminan produciendo formas concretas de intervención sobre los territorios y sobre las personas.
Por eso, mi interés por la seguridad no se limita a sus dimensiones operativas.
Me interesa también su dimensión política: qué entendemos por seguridad, quién define aquello que debe ser protegido, qué sujetos aparecen como amenazantes, qué territorios son considerados riesgosos y qué instituciones tienen la capacidad de establecer esas categorías.
Mi investigación doctoral se inscribe precisamente en esta preocupación y aborda la construcción histórica del paradigma de la seguridad ciudadana.
Una mirada teórica
Tengo un amor tardío por Hegel.
Llegué a él después de otros recorridos y, probablemente por eso, terminé encontrándolo cuando ya tenía suficientes preguntas como para comprender por qué podía resultar tan incómodo.
Ricardo Espinoza Lolas tuvo un papel importante en ese giro intelectual. A partir de allí, Hegel comenzó a ocupar un lugar central en mi forma de pensar, acompañado por Marx y Foucault.
Si tuviera que resumir esta influencia en una sola idea, diría que me interesa comprender cómo las ideas se convierten en prácticas y cómo las prácticas producen realidad.
No me interesa únicamente lo que una institución declara ser, sino aquello que hace; no solamente el discurso sobre un territorio, sino las prácticas mediante las cuales ese territorio es clasificado, intervenido y gobernado.
En ese sentido, mi aproximación intenta mantener una mirada materialista sobre los fenómenos políticos: las ideas importan, pero también importan sus condiciones de existencia, sus efectos y las relaciones de poder que las hacen posibles.
A esto se suma mi interés por la tragedia griega y su dimensión política. Allí confluyen distintas influencias, particularmente Nietzsche y Foucault, pero también la lectura política de la tragedia desarrollada por Juan Pablo Arancibia.
La tragedia permite observar la política desde otro lugar: no solamente como administración institucional, construcción de consensos o funcionamiento del Estado, sino como conflicto, antagonismo, ruptura y disputa por las formas en que una sociedad puede comprenderse a sí misma.
Quizás por eso mi aproximación a la política mantiene cierta desconfianza frente a las explicaciones demasiado ordenadas. La realidad política rara vez tiene la cortesía de comportarse como una teoría bien escrita.
Trabajo y experiencia pública
Mi trayectoria profesional ha estado vinculada, de distintas maneras, a la seguridad pública y a la gestión territorial.
He trabajado en instituciones del Gobierno Central, en municipios y en organizaciones vinculadas al desarrollo de proyectos de seguridad.
Entre otras experiencias, trabajé como asesor del Gabinete de Seguridad de la Delegación Presidencial Regional Metropolitana y posteriormente en la Subsecretaría de Prevención del Delito.
También fui director de Seguridad Pública de la Municipalidad de Lo Espejo, experiencia particularmente significativa por la posibilidad de trabajar directamente sobre los problemas y desafíos de un territorio desde el nivel local.
Posteriormente trabajé en el Ministerio del Interior como responsable macrozonal de seguridad y como coordinador de proyectos de seguridad en la Asociación de Municipios para la Seguridad.
He desarrollado proyectos para distintas comunas de la Región Metropolitana y otras regiones del país, colaborando con municipios, fundaciones y organizaciones sociales.
Ese recorrido me ha permitido conocer la seguridad desde perspectivas distintas: desde el diseño de políticas públicas hasta la implementación territorial; desde la planificación institucional hasta la experiencia cotidiana de quienes viven en los barrios.
He trabajado en comunas como Pudahuel, La Florida, Puente Alto y otras, desarrollando proyectos, diagnósticos territoriales y estrategias de intervención vinculadas a la seguridad pública.
Esta experiencia terminó reforzando una convicción que también atraviesa mi trabajo académico:
el territorio no es simplemente el lugar donde ocurren los problemas. También es una construcción política.
Por eso, una parte importante de mi trabajo consiste en investigar territorios, comprender sus dinámicas y traducir ese conocimiento en proyectos y políticas capaces de intervenir sobre problemas concretos.
Pensar, investigar, intervenir
Actualmente mi trabajo se mueve entre tres espacios que para mí están profundamente relacionados:
la investigación, la escritura y la gestión pública.
Investigar para comprender.
Escribir para ordenar y disputar las ideas.
Intervenir para comprobar si esas ideas resisten el contacto con la realidad.
No siempre resisten.
Probablemente esa sea una de las razones por las que sigo investigando.

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